lunes, octubre 09, 2006

western California Victor Young

1946 CALIFORNIA (California)

Director: John Farrow
Música: Victor Young
Canciones: Earl Robinson, música y E. Y. Harburg, letrista de la canciones de The wizard of Oz (1939, El mago de Oz), letra
Guión: Frank Butler y Theodor Strauss, a partir de una historia de Boris Ingster
Intérpretes: Ray Milland, Barbara Stanwyck, Barry Fitzgerald, Anthony Quinn, George Couloris, Albert Dekker
Director de Fotografia: Ray Rennahan (maravillosa fotografia)
Productor: Seton I. Miller
Producción/Distribución: Paramount
Duración: 98’


John Farrow, director australiano nacido en Sidney (Australia), el 10 de febrero de 1904, comenzó su carrera en los años treinta y terminó de dirigir en los años sesenta, su muerte le sobrevino el 27 de enero de 1963. Era un director injustamente olvidado, muy misterioso (casi no concedió ninguna entrevista), intelectual y erudito (le gustaba controlar todos sus guiones), prácticamente es un desconocido ya que sus películas, y no todas, solamente se pueden ver en ciclos de filmotecas (y rara vez en pases de televisión). Su filmografia básicamente está compuesta de thrillers, como The big clock (1948, El reloj asesino), The Night has a thousand eyes (1948, Mil ojos tiene la noche) y de los westerns Copper Canyon (1950, El desfiladero del cobre), Ride Vaquero (1953, Una vida por otra), Hondo (1953, Hondo, protagonizado por John Wayne que logró que los exteriores fueran rodados por su gran amigo Ford), todos ellos de la “considerada” modesta serie B.

Es una película epopéyica, al más puro estilo DeMille, con la singularidad de que en el transcurso de ella el director nos brinda unos planos-secuencia larguísimos de unos cuatro o cinco minutos cada uno muy elaborados sin causarnos ninguna sensación de pesadez ni de rigidez en su visión. Nos narra la colonización y su consecuente civilización de las tierras de California y es planteada, en su primera parte, como si de un musical se tratase (aunque no lo sea por su tratamiento coral en off, exceptuando las dos canciones protagonizadas por Barbara Stanwyck), intentando y consiguiendo transmitir la pasión por esas tierras. Tiene ciertas similitudes con la pasión amorosa/odiosa de los protagonistas, Jonathan Trumbo (Ray Milland, desertor del ejército y en un papel de casi antihéroe) y Lily Bishop (Barbara Stanwyck). Todo esto en el transcurrir del año 1848, en un ambiente de revolución, donde se consiguió la unión de California con los Estados Unidos, ya en el año 1850.

Como ya hemos dicho empieza el filme como un musical y engarza una serie seguida de cuatro o cinco canciones. La más significativa es la del principio que está musicada/narrada muy vigorosamente predominando absolutamente melodiosas cuerdas, muy en la línea de Young, (y que el compositor nos la recordará regularmente solamente violinizada), ensalzando las excelencias de las tierras en Califonia y siendo insertada cada frase musical con un plano bucólico que nos puede recordar la creación bíblica del mundo. Sigue con otra canción, ésta mucho más vivaz, enfocando el arranque y la ilusión de las gentes de las caravanas hacia su destino (panorámicas increibles de decenas de ellas y sin efectos digitales). Un alto en el camino, alrededor del fuego, nos transmitirá una canción más familiar (amenizada con un acordeón), más armónica, rota por la presencia de Lily que se agregó a la caravana al ser expulsada de la ciudad (ya civilizada, o sea, moralista) por, se supone, llevar una vida licenciosa. Los componentes de la caravana le hacen el vacío y solamente es ayudada por un granjero, Michael Fabian (Barry Fitzegerald, gran actor que siempre recordaremos en las películas del maestro Ford), cuya única obsesión es llegar a California para plantar sus “raíces” (y las suyas) de vid y que más tarde se convertirá en elegible a gobernador en Colton Hall, Monterey, donde se debate el porvenir del futuro estado, escena que es un claro antecedente de la que ocurre en la magistral The man who shot Liberty Valance (1962, El Hombre que mató a Liberty Valance). El odio/amor de la pareja protagonista es transformado por Victor Young en un íntimo pero a la vez desasogante solo de (desgarrador) violín reflejo de un futuro muy incierto que los irá arropando/desesperando. Cuando se encuentra oro en California, reflejado por otra canción, donde sus palabras -¡Gold!¡Gold!¡Gold!- “actúan” como si fueran un aviso y por su reiteración, del cauce no sano que tomará el filme. Esto provocará una “estampida” de toda la gente de la caravana magnificado en un plano espeluznante que envuelve en una panorámica todas sus pertenencias más personales abandonadas tras de sí, acompañada de una música incidental muy grave, que todavía agranda y presagia más consecuencias funestas.

En la segunda parte, solamente es orquestada, exceptuando dos momentos. Uno, es la llegada a la ciudad de Pharaoh City, en California, de Jonathan, con la intención de buscar oro y se encuentra a Lily cantando en un saloon (del cual es propietaria) al más puro estilo cabaretero, intentanto provocarle. La otra excepción, es la fiesta que se celebra en la hacienda del capitán Pharaoh (faraónico fundador de la city) Coffin -ataúd en inglés- (George Couloris), lo que nos pre-indica el carácter del personaje más interesante de la narración -¡un marino en un western!-, con un oscuro pasado, capitán y mercader de esclavos con la goleta La Reina del Congo, preso de alucinaciones por culpa de una revuelta ocurrida en su barco, saqueador de mineros y visionario emperador/dictador de California. La fiesta, como decíamos, está amenizada por un vals precioso magnificando la importancia de las personas allí congregadas, con otra canción de Lily y también por una balada mexicana lánguida, haciendo presente la población nativa más terrateniente de la región, la cual tiene una cierto protagonismo en la figura encarnada por Luis Ribera Hernandez (Anthony Quinn). Hay una escena de significativa importancia, Lily, tocando el piano con una melodia muy triste, simbolizando su solitud incluso materializando su sueño que es casarse aunque sea con el capitán Coffey. En las demás escenas, Victor Young utiliza un subrayado, casi excesivo y un poco cargante, de las imàgenes reforzando todas las situaciones, en especial la lucha de Johnny con el segundo de a bordo del capitán (Albert Dekker), pero sin alcanzar una solidez dramática exceptuando algunos momentos muy puntuales que ya hemos comentado anteriormente.